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Del acta registral de su nacimiento, lo que más llama la atención era la forma de describir cómo iba vestido mi abuelo. Es algo que no aparece en este tipo de actas a no ser que sea un caso como el suyo, donde se hace necesaria una descripción lo más exacta posible de las ropas que lo visten, o en otros casos de expósitos, de colgantes, pulseras, etc.
Mi abuelo no llevaba nada más que las ropas y un anónimo, que como en la entrada anterior hemos visto, decía: "Este niño se llama Demetrio Moreno y no está bautizado".
Lo de describir las ropas se hacía por si los padres decidían recuperar al hijo o hija abandonado.
Éstos, a veces abandonaban a sus hijos por falta de recursos, por necesidad, aún así, los dejaban en el torno con anónimos, como el de mi abuelo, o con colgantes o pulseras para poder identificarlos en caso de acudir al hospicio a recuperarlos.
Por la ropa que vestía mi abuelo se podría deducir que su familia de origen era pudiente, aunque de confirmarse que fueran buenos vestidos, eso por si solo no sería definitivo para poder afirmar un origen familiar de clase alta.
En la página 65 del libro "La herencia de Manolito" del escritor Javier Clavero Salvador, podemos leer:
"En el año del nacimiento del hijo ilegítimo de Loles y Arturo hay más de 500 ingresos registrados en la Casa Cuna de Ciudad Rodrigo. De ellos, atendiendo a la vestimenta y el donativo, hasta el 20% son de familias ricas.
Si se tiene en cuenta que solo logra llegar a la edad adulta la tercera parte de los ingresados en esta institución, cada año salen salen de la Casa Cuna de Ciudad Rodrigo 200 adultos jóvenes, de los que de 25 a 30 son hijos de familias ricas.
Son tan frecuentes los hijos naturales que se le llega a dar el apellido del padre sin que ello suponga reconocimiento alguno. Como la niña que se expone en el torno de la Casa Cuna en los últimos días de 1899 -igual que mi abuelo-, a la que se le llama Adoración Risueño de la Iglesia. El primer apellido es real y el segundo propio de los expósitos".
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